Dorcas y Buen Samaritano

El Buen Samaritano y Dorcas

DORCAS: En Jope había una mujer llamada Dorcas, cuyos hábiles dedos eran más activos que su lengua. Sabía quiénes necesitaban vestimenta adecuada y quiénes necesitaban simpatía, y atendía liberalmente las necesidades de ambas clases. Y cuando murió Dorcas, la Iglesia de Jope se dio cuenta de su pérdida. No es de admirarse que gimieran y se lamentaran, ni de que cálidas lagrimas cayeran sobre la arcilla inanimada. Era de tan gran valor que, mediante el poder de Dios, fue rescatada del terreno del enemigo para que su habilidad y energía pudieran ser todavía una bendición para otros. Es rara una paciencia tal, llena de oración y fidelidad perseverante, como la que poseyeron esos santos de Dios. Sin embargo, la iglesia no puede prosperar sin ella.

Se necesita en la iglesia, en la Escuela Sabática y en la Sociedad. Muchos se relacionan mediante vínculos establecidos en la iglesia y conservan sin dominar sus rasgos naturales de carácter, y en una crisis, cuando se necesita un espíritu fuerte y esperanzado, se entregan al desánimo y añaden cargas a la iglesia y no ven que esto es erróneo.

 

El Buen Samaritano: El título de este ministerio fue inspirado en base al evento ocurrido hace dos mil años, en el contexto de una de las parábolas más conocidas de Jesús: la parábola del buen samaritano (Lucas 10:25-36). Dos mil años después, sigue tan vigente como aquel día la importancia y necesidad de esa enseñanza