Orlando Rosales, Dir. Ministerios Hispanos

“Boga mar adentro y echad vuestras redes para pescar” Luc 5.4

Al principio de su ministerio los discípulos compartían su tiempo con Jesús y la pesca, esto último lo habían hecho toda su vida, y además de una fuente de entrada era una pasión, sin duda una tarea exigente, pero grandemente recompensada.

El contexto, de este pasaje bíblico, nos dice que los discípulos habían estado pescando toda la noche infructuosamente, al amanecer cuando regresaban derrotados se encuentran con Jesús y Él viendo la situación les pide ir a las aguas mas profundas “Boga mar adentro”, pero eso era algo ilógico, ya que en la oscuridad de la noche los peces están en las aguas profundas; pero al amanecer no era así, además ellos habían pasado toda la noche haciéndolo por lo que no tenía sentido insistir en eso y menos de día.  Sin embargo, ante la solicitud del maestro Pedro dijo “…en tú palabra echaré la red” y bien sabido es, que la pesca fue inmediata y numerosa.  Luego de esta experiencia dice el verso 9, que el Señor les hizo pescadores de hombres a tiempo completo.

Queridos hermanos, al igual que a los discípulos, El Señor nos ha hecho pescadores de hombres, por lo que no tenemos duda alguna de que el éxito está asegurado porque en su palabra seguiremos echando la red.

Vale la pena resaltar que cualquier esfuerzo que hagamos distantes de Jesús será infructuoso, sólo al lado de Jesús nuestro servicio será prospero.  El Señor Jesús de la misma maner que de sus discípulos requiere de nosotros todo esfuerzo; nos dice “Boga mar adentro” y con ello nos desafía a ir a aguas profundas a buscar incluso donde vemos pocas esperanzas, donde humanamente parece imposible, donde se requiere perseverancia y arrojo, pues remar agota, no es fácil; exige tiempo, dedicación, paciencia y sacrificio. Y aún mas en las circunstancias que vivimos con la pandemia de COVID-19 Ni aún la cuarentena puede detener nuestros esfuerzos por alcanzar las almas que necesitan de nuestro salvador Jesús. Por eso vale resaltar que en los meses de septiembre a noviembre por la gracia de Dios anhelamos una “Gran Pesca” para su honra.  Las condiciones son adversas pero nuestro Dios es el Dios de los milagros y para él no hay nada imposible.

Que nuestra participación efusiva en este esfuerzo evangelístico nos permita ver una vez más las maravillas de Dios y avivar el gozo de su pronta venida en gloria, para recibir la más grande de todas las recompensas. 

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